Yo no te odio, Waldir

Su onomástico y la ingratitud

Llamen a este texto una apología de lo irremediable. No me importa. El caso es que yo no odio a Waldir Sáenz. No, no lo odio. De ninguna forma podría hacerlo. Cómo odiar a alguien que culminó con gol más jugadas que ninguno en la historia de mi querido Alianza Lima. Cómo odiar a alguien que fue clave para sacarnos campeones luego de dieciocho años de maldita sequía. Cómo. No puedo. No sé cómo hacen los que lo hacen. Me dicen que porque se fue a Cristal. Yo no justificaré algo tan contra-pasional. Duele ver a un referente, un ídolo, poniéndose la camiseta de un equipo rival. Duele y entiendo a los que nunca se lo perdonarán. Otros me dicen que por su bohemia y sus aires soberbios. El hábito de mascar chicle haciéndose el bacán, de pasear con vedettes haciéndose más el bacán. De pelearse con la tribuna en pleno partido. De mandarnos a callar cuando gritábamos un gol suyo con furia descontrolada.

Poseedor y heredero de la picardía y talento de los viejos íntimos que ayer vistieron la majestuosa blanquiazul. Pudo haber llegado más alto, mucho más alto. Con la blanquirroja, o en otros lares. Yo lo juzgo porque lo lamento, porque soy hincha, su hincha, y me pone triste que se haya truncado cuando se truncó, y nos dimos cuenta todos, empezando por él, de que se trataba de un jugador "sólo para el medio". Más que eso no. Lo juzgo, pero no lo odio. Cómo odiar a Waldir Sáenz. Para mí es imposible. Cómo odiar a la figura de lo que todos querían ser en los 90's. En las pistas de cada barrio se escuchaba "yo soy Waldir, el goleador", así es, y aunque muchos se hayan lavado la boca luego: todos querían ser como Waldir.

Y entre vueltas olímpicas, logros cumplidos, llantos ahogados y errores miles, la estrella se fue apagando. Queda hoy el recuerdo agradecido, el resentimiento sostenido, y las sombras de un ídolo aún no reconocido como tal. Empieza, entonces, a verse con más claridad ese síndrome endemoniado y que causa tanta impotencia. Síndrome que alguna vez padeció 'Manguera'. El síndrome de la ingratitud.

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