Resfriados en Brasil

Vasco da Gama 3 - Alianza Lima 2

Siempre es difícil empezar una crónica luego de una derrota, pero esta es especialmente rara. Estoy seguro que a más de uno le queda aún la sensación de que el equipo pudo empatarlo con corazón en el tramo final del partido pero, siendo sinceros, hubiera sido un resultado injusto y demasiado premio para un equipo que no propuso y cometió horrores  defensivos uno tras otro. Esta noche, Alianza Lima cayó derrotado en Rio de Janeiro ante Vasco da Gama por tres goles a dos y sumó su segunda caída en esta Copa Libertadores.

El primer tiempo empezó parejo. Si bien veíamos a un Vasco con una mayor posesión de balón y con varios intentos de incursionar en terreno grone, también teníamos a un Alianza que había salido bien parado y con buena capacidad de recuperación de balón por parte de González, Albarracín e Ibáñez durante el primer cuarto de hora. En una de esas, Ibáñez recupera el balón por el lado izquierdo del área aliancista, controla la pelota y manda el balonazo para que Charquero, sólo ante la poco sólida defensa brasileña, la pelee. Y el uruguayo la peleó, le ganó la espalda al central, la acomodó de cabeza para su pierna derecha y definió ante la salida de Prass. Golazo que nos ponía arriba en el marcador. Era la única forma de llegar al gol puesto que nuestros volantes ofensivos tuvieron una noche pésima en la que no lograban controlar, casi nunca, bien el balón y mucho menos conectar con Charquero.

Sin embargo, no duró mucho la alegría aliancista. Tres minutos después, una incursión de William Barrio, nuestra pesadilla por el lado izquierdo durante todo el partido, terminó en un centro buscapierna que encontró, para nuestra mala suerte, la de Ramos y terminó en autogol. Un empate que llegó demasiado rápido pero que, a la vez, aterrizaba el partido a un mismo nivel. Lo que nos decía ese marcador (1-1 a los 18 minutos) era que Vasco no era invencible pero que cualquier error de nuestra defensa podía ser letal. Aún así, poco a poco los brasileros empezaron a tener una mayor posesión de balón y mayor incursión en el área aliancista: tres tiros libres cercanos, un gol anulado y varias incursiones de Vasco por la zona que defendía Manuel Corrales nos avisaban que era necesario un cambio táctico, que no íbamos a poder aguantar esas arremetidas con el juego que estábamos teniendo. Así terminó el primer tiempo.

Durante el medio tiempo, yo únicamente rogaba que saliéramos bien parados en la cancha para que no nos pasara en los partidos ante Libertad y Real Garcilaso en los cuales recibimos goles casi empezando las segundas mitades. Esta vez no ocurrió eso, en su lugar sucedió algo quizá peor: nos quedamos con un jugador menos, y para colmo defensa, como si nos sobraran. Una supuesta mano (totalmente casual, dicho sea de paso y que yo sigo dudando) de Carmona en el área le valió su segunda amarilla y expulsión. Por suerte el horizontal salvó a Alianza luego del disparo, con resbalón incluido, de Alecsandro.

Pero estábamos lejos de salvarnos totalmente, la defensa aliancista seguía haciendo agua. Entro Villamarín, reemplazando a un Bazán totalmente inoperante, a cubrir el vacío dejado por Carmona. Esto dejaba a Corrales con absolutamente toda la banda derecha bajo su entera responsabilidad y era algo que no podía ni remotamente controlar. Asimismo, Paolo Hurtado quedaba casi como el único “desequilibrador” del equipo pero no hizo más que confirmar que la camiseta le pesa para partidos internacionales así como para finales de campeonato y lo veíamos errático, fallando pases y en el control del balón y, sobre todo, sin el ánimo y corazón que debería caracterizar a un joven jugando Copa Libertadores. Una decepción su desempeño en este partido.

El segundo gol no tardó en llegar, fue a través de la pelota parada. Tiro de esquina, Dedé se eleva ganándole en salto a Ibáñez y la cruza de cabeza al otro palo en una pelota imposible para Libman. Un 2-1 que reflejaba lo que sucedía en el partido. Arroé entra reemplazando a Charquero en un intento por defender mejor el mediocampo pero que nos dejaba sin posibilidades reales de gol al tener un Montaño cada vez más apagado. Es el mismo Arroé quién, minutos después, comete una falta tonta e inobjetable en el área. Salomón, con espectaculares reflejos, evita el tercero de Vasco luego del segundo penal errado por Alecsandro.  El ingreso de Fernández (uno de los pocos que trató de ponerse al equipo al hombro) le dio más dinamismo al ataque y más presión para las salidas de Vasco. Sería injusto decir que por su culpa cayó el tercer gol, ese penal NO EXISTIÓ y el árbitro argentino compró completita la caída del brasilero. Juninho no perdonó y, aunque Libman logró manotear el balón, aumentó la diferencia a 3-1.

Luego del tercero, Vasco siguió controlando el partido con las mismas jugadas que realizó durante los minutos anteriores. Tanto así que el descuento blanquiazul cayó de sorpresa: una pelota parada y un pelotazo al área, pivotea Ramos y se la encuentra Ibáñez para empujarla. Los centrales en una jugada compartida nos daban una ligera esperanza a falta de 10 minutos para el final. Pero mucho más que eso no pasó y los brasileños terminarían llevándose la victoria. Dificil empatarlo teniendo menor cantidad de jugadores y de ideas que el rival.

Ahora, ¿es necesario buscar culpables? A estas alturas creo que no podríamos definir uno solo: el equipo no entrena (y muchos no están comprometidos, los que sí lo están se pueden contar con los dedos), institucionalmente hemos tocado fondo, no hay dinero para cancelar las deudas lo que trae consigo un éxodo de jugadores a otros equipos y el fútbol peruano en general está herido gravemente. Sería más útil resaltar y aplaudir a quienes, pese a todo, cumplieron una actuación destacada en Rio y ahí tenemos a Charquero, González, Ibáñez, Fernández y Libman.

A pasar la página, se jugó mal y se perdió aunque se puso el corazón en los minutos finales. Cabe resaltar lo complicado de este inicio de Copa para Alianza con dos visitas complicadas y seguidas a Paraguay y a Brasil. La siguiente cita es, por fin, en Lima (aún no se define si Matute o el Nacional) y el pueblo blanquiazul estará ahí, eso ni dudarlo. Pase lo que pase, ganes o pierdas, esta hinchada te alienta igual.

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