Hablando de Walter

Parece mentira que algunos pseudo hinchas cremas (porque, felizmente, los verdaderos hinchas de Universitario repudiaron este hecho) intenten siempre justificar la muerte de Oyarce tildándolo de "pandillero", llamando "inocentes" a los que hoy están en prisión y justificando este crimen como una simple "pelea de barras"; además nos critican por "idolatrar" a Walter (habría que hacerles recordar que hasta serie televisiva le hicieron a una persona que en verdad era delincuente y que falleció jugando a la ruleta con revolver, mas no asesinado).

Nada más alejado de la realidad, por supuesto.



Sabemos que Walter Oyarce Domínguez era un hincha como cualquiera de nosotros que de a pocos se fue pegando a la barra Los de Abajo, un grupo de pocas personas que se alojan siempre en la parte baja de la tribuna de occidente. Acá no diremos que era un chico callado y temeroso porque es evidente que no era así. Oyarce, según palabras de su padre, era un chico extrovertido, jovial y de muchas ocurrencias, razón por la cual se ganó desde siempre el apelativo de "loco" (ojo, ahora estos pseudo hinchas quieren hacernos pensar que le decían "loco" porque era violento y agresivo). 

Los que lo conocieron en occidente confirman que a lo mucho se trataba de lo que algunos podrían calificar de "palomilla"; y vaya que hay diferencias entre un "palomilla" y un BARRISTA propiamente dicho, barristas como el conocido 'cholo' Payet y el 'loco' David, ambos BARRISTAS de la Trinchera Norte, barra principal de la 'u', como bien se sabe. 

De modo que comparar kilometrajes entre un barrista de la popular y un "palomilla" que además era mucho más joven, resulta no sólo un absurdo, sino un despropósito y un atentado contra la inteligencia de todos. Esta, en definitiva, NO FUE UNA PELEA DE BARRAS.

Por otra parte, acá no defenderemos las versiones que indican que Walter defendió niños y mujeres, porque hasta ahora no hay suficientes indicios que ratifiquen esa teoría, sin embargo, creemos que eso pasa a un segundo plano cuando estamos hablando de la vida de un ser humano. Lo mismo si era barrista o no, si estaba en tragos o no, si estaba drogado o no, o lo que sea. Todos estos inventos para justificar ante la opinión pública la trágica muerte de un ser humano en un estadio que, en teoría, debería tener adecuadas medidas de seguridad. Pero, ¿quién puede contra el odio más desmedido e irracional?

Saldrán más pseudo hinchas a decir "Miren, aquí en mi barrio han matado a un hincha crema y nadie dice nada", primero, ¿justifican muerte por muerte?, ¿así funciona su pensamiento?, y segundo, ¿no es diferente un asesinato en un estadio que una muerte ocasional en una pelea de PANDILLEROS?, es cierto que una vida es una vida, pero la diferencia es que un pandillero sabe perfectamente a lo que se enfrenta cuando decide inmiscuirse en ese tipo de estúpidas peleas. 

Ellos usan una camiseta como excusa para delinquir, muy diferente al caso de un hincha que va al estadio y alienta a sus colores sin hacer nada fuera de lo normal, porque la joda, los insultos y las groserías son parte del folklore dentro de los estadios. Y no nos van a decir ahora que si vas al Monumental e insultas a un crema tendrás que morir porque "la localía se respeta", y con todo respeto, no me jodan.

Dentro de poco se cumplirán dos años de la muerte de Walter Oyarce y las redes sociales nos demuestran que poco es lo que se ha aprendido. Se sigue regando odio por todos lados, se sigue confundiendo ese sucio sentimiento con la rivalidad propia de un deporte competitivo y hermoso como el fútbol. Se sigue pensando que mientras más agredas, degrades u ofendas a un rival, más cariño le estás demostrando a tu camiseta.

Con tanta idiotez junta, no es descabellado pensar en una segunda parte de esta terrible tragedia, y sin importar cuál sea la camiseta que se manche de sangre esta vez, el gran perdedor, aparte del familiar que llorará la pérdida, siempre será el fútbol peruano.


No sólo no salimos del hoyo ayudándonos mutuamente, lo peor, nos estamos matando entre nosotros, y buscando excusas para justificarlo. Porque en eso vaya que somos expertos. 

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