Opinión y conclusiones personales

En el dolor, hermanos

Esto quizá llega un poco tarde, quizá no, pero entre más perspectivas distintas se tengan de algo, creo que más nos acercamos al mejor análisis de las cosas. Vuelvo a abrir la herida para comentar lo que ocurrió el miércoles, y cuál es mi conclusión de un año futbolero más que ya se fue.
Mi reacción no fue la misma de los demás, creo. Yo no pude asistir al Nacional porque no conseguí entradas, así que vi el partido solo, en mi cuarto. Apenas Vílchez falló su penal, en dos segundos le cambié de canal y apagué el interruptor de mi mente encargado de mantener encendidos todos los pensamientos y pasiones que con Alianza tuvieran que ver. No vi ni un noticiero, no entré a la computadora y me alejaba de cualquier radio que estuviera sonando. Me asilé, busque caras amigas, y enfocarme en cualquier otro tema que me hiciera sonreír, que me distrajera de la pena. Les comparto un poco de mi experiencia, ya que este tipo de espacios se ha vuelto por estos días un lugar de consuelo para los millones de peruanos que siguen a esta camiseta. Es que esto es amor, incondicional. Es maravilloso, pero a veces se producen situaciones que duelen, en las que un ser amado –sin intención muchas veces- nos hiere, y algunos optan –como en mi caso- por apartarse por un momento, despejarse, alejarse, pero para fortalecerte, recuperarte del golpe y volver para decir “aquí estoy, siempre a tu lado, nunca me iré, porque nada pesa más que la felicidad que me das”. Es algo muy fuerte, muy ilógico tal vez, pero es en momentos así cuando uno entiende qué tan grande es la pasión que enciende Alianza Lima.


Un punto de vista más:

¿Qué digo de los play offs? En primer lugar, que el lado plumífero del Perú (para quienes el año supuestamente acabó hace dos semanas con la definición angustiosa de su permanencia en primera) se encargó de distorsionar la noción de cómo llegaba Alianza a los play off. Son expertos en eso, todos lo saben. Así, por ejemplo, cualquiera que no sepa mucho de fútbol escucha al Cuto decir que Alianza perdió por soberbia y se la cree. La verdad es que cuando los grones aseguraron su presencia en las finales, algo por dentro se quebró, y era lógico, con meses sin cobrar y una dirigencia que no existía, y encima hubo la posibilidad de que algunos jugadores fueran sancionados por señales válidas de protesta. Lo sé, esa historia es ya sabida y vivida también por otro equipo. Pero los blanquiazules sí la supieron sacar adelante, y junto con su pueblo, pujaron fuerte hasta meterse a la definición de un título más. Las últimas fechas del descentralizado nos llenaron de incertidumbre, el equipo nos hacía dudar y preocuparnos de su juego, se volvía predecible. Al final el triunfo frente al Boys nos dio un poco de tranquilidad, pero no toda la que se necesitaba.

Hasta ahí, toda la prensa deportiva del Perú estaba de acuerdo en que el que mejor llegaba a las finales era el Aurich, con una racha que venía en ascenso, mientras que Alianza –sin contar el partido con el Boys- era todo lo contrario. Personalmente, yo tenía esta visión de las cosas: El mejor equipo de este año era el Chiclayano –por temas que tienen que ver por más aspectos además de los deportivos, todo eso pesa y está comprobado- y si Alianza campeonaba yo no iba a pregonar ni gritar a los cuatro vientos que éramos lo mejor del Perú, ni ningunear a los norteños y a los demás equipos del torneo. Si nosotros dábamos la vuelta, yo lo hubiera festejado como un triunfo que se consiguió ‘frente al mejor equipo del torneo’, ‘a pesar de no ser los mejores’, ‘con puro corazón y compromiso más que con  trabajo y seriedad’.

Alianza ganó el primer partido, no sé si tan merecidamente como todos decían. Luego, en Matute, Arrué perdió en lo táctico. ¿Cuándo a Alianza le fue bien en el año saliendo a especular con el empate? Es más ¿cuándo lo hizo de local? El clásico lo perdimos así. El partido estuvo caliente y terminamos con Bazán, Montaño y Jayo suspendidos, sin olvidar el desastroso –aunque no determinante en el partido- arbitraje de Víctor Hugo Carrillo. Al tercer encuentro daba la sensación de que Alianza apenas podía alinear un equipo decente, frente al Aurich que contaba con un plantel muy amplio y sentiría sus ausencias mucho menos que nosotros. Viza entró por Montaño, Quinteros por Jayo, cambios que a ningún grone gustaron pero no quedaba otra. Arrué coronó su incapacidad poniendo a un Ovelar que no estaba ni a su 50% durante todo el primer tiempo. Pero…


CORAZÓN, Alianza Lima

El equipo llegaba de más a menos para la final. En Chiclayo, el local fue local y nos asfixió en el segundo tiempo. Para mí fueron superiores, pero los tres puntos nos lo llevamos nosotros: indisciplinados para defender, como en todo el año, pero pujando y aguantando como si la vida dependiera de eso. En Matute, como dije, se planteó mal, pero nadie puede negar que se dejó todo al tratar de buscar el empate. El del Nacional: con un equipo muy disminuido, fuimos los que más miedo provocamos durante los 120 minutos de juego.


A todo esto, sólo me queda decirle ‘gracias’ a todos los que conformaron el plantel en estos play offs:
Viza y el ‘Pato’: nadie puede negar que a pesar de sus limitaciones, pusieron mucho corazón; Jayo, ¿quién se esperaba el partidazo que se jugó en Chiclayo?; Ramos: tan puteado durante el año, sacó a su mejor versión durante las finales, no dejando pensar al complicadísimo Tejada; Fleitas: enorme, líder, también sacó lo mejor de sí y dejó de lado las pasadas de revoluciones que solía tener; Salomón todo el maltrato que tuvo que soportar tras su retorno de la copa América… fue simplemente conmovedora –aunque imprudente tal vez, ya qué importa- su subida hasta el área rival en el partido de Matute, en búsqueda del empate, quizá el mejor símbolo de su entrega al equipo; nuestros potrillos: Trujillo, Bazán, Hurtado, Soto –mención especial para este último, entregadísimo en la final del Nacional, pese a casi no haber jugado en el año- que a lo largo de la campaña quizá cometieron algunos errores típicos de juveniles, pero se subieron el equipo al hombro, junto con los no muchos hombres de experiencia, y estuvieron a la altura durante casi toda la campaña ¿qué otro equipo puede sacar eso de su cantera en nuestro país?; claro que destacan otros nombres que estoy omitiendo… 
Creo que la conclusión que cualquier aliancista tiene después de todo, es que el equipo puso todo lo que había que poner. Hubo errores en lo tácito –con Arrué como autor- y en Matute varios se calentaron demasiado, y nos perjudicaron, pero ¿quién puede negar que se puso todo el corazón para conseguir el empate que finalmente no llegó? Lo más emotivo fue el partidazo que se jugaron en el Nacional, sin físico, sin los referentes, con muchas ausencias, pero nuevamente con un corazón gigante, casi se les gana a los chiclayanos dentro de los 120 minutos de juego.

No podemos desmerecer nada de esto por haber jugado mal la tanda de los penales. Este grupo de jugadores (sin contar a los ‘paquetes’ y los ya conocidos que estuvieron de más) soportó maltratos durante todo el año; pero por la hinchada y los colores a los que representaban, dejaron de lado todo para buscar el título. Por eso y mucho más, no me sorprende lo que leí en varias crónicas, que decían que al final el Comando se quedó un buen rato cantando, con el clásico “Corazón Alianza Lima…” como siempre. Es que estos muchachos se lo merecían, y esta hinchada tenía que confirmar lo que a lo largo de su historia siempre ha sido: la más grande del país. Si hubiera tenido que escoger una forma de no ganar las finales, hubiera sido esta.

Este equipo llegó mucho más lejos de lo que se hubiera esperado de cualquier otro en su situación. Se superó, heroicamente, las limitaciones puestas por los mismísimos impresentables que dirigen a nuestro club, y dicen amarlo.


Dentro de todo, fue lo más sano

Mis sinceras felicidades al Aurich, justo campeón. Cuando se hacen los paralelos, uno puede fácilmente darse cuenta de la superioridad: Sólo basta comparar a los técnicos, los extranjeros contratados, el orden institucional de cada equipo… Enserio, ojalá Edwin Oviedo permanezca velando por el Aurich e invirtiendo en él, ojalá con esto los norteños estén dando el primer paso para volverse un grande de nuestro fútbol. Ojalá en Chiclayo se forme una hinchada de verdad y no sea todo puro consumismo de éxito. Ojalá las instituciones emergentes del fútbol peruano, como León de Huánuco, César Vallejo, y Sport Huancayo crezcan cada vez más y ganen arraigo en sus localidades. Ojalá Cristal se vuelva futbolísticamente coherente con la seriedad dirigencial que posee. Ojalá cierto equipo que juega de local en Ate pueda volver a llamarse club de verdad y salga del abismo en el que se encuentra bien hundido, y sus hinchas se dediquen a preocuparse más por su equipo mismo –que se encuentra en una muy alarmante crisis- que por los tropiezos de su rival, por el bien de su camiseta, además porque se ve muy patético, la verdad.


Todos estos deseos ¿para que el fútbol peruano crezca y por fin vayamos a un mundial? No, o al menos no es esa la razón principal. Esta posición puede ser controversial, pero para quien les escribe, el amor al Club Alianza Lima es primero y más fuerte. Como lo conversé alguna vez, y coincidimos,  con un amigo, yo prefiero ver a Alianza Lima campeón de la Libertadores antes que ver a Perú en un mundial. Ojalá todas las cosas que dije en el párrafo de arriba se cumplan ¿Para qué? Para que los que manejan a nuestro amado equipo tengan una valla más alta que sobrepasar, para que la mediocridad dirigencial, la corrupción, y la incoherencia en la toma de decisiones nunca consigan campeonar. Sólo así, seremos conducidos de una forma mucho más capaz, más acorde con lo que significa el nombre y la popularidad de Alianza Lima. Sólo entonces, con todo eso cumplido, podremos pretender conseguir todos los triunfos que el pueblo blanquiazul se merece, y el sueño más grande: el del título más importante de América.


“A La Victoria volveremos” ¡Claro que sí!

Se dice mucho que el próximo año se haría una renovación significativa del plantel y la propuesta del equipo. Suenan algunos nombres, de jugadores que vendrían y de otros que se irían. Ojalá todo sea para bien. Y si no lo fuera, igual, por siempre, ahí estaremos.

El dolor pasa, el amor por Alianza Lima prevalece, incesante. El próximo año se escribe un nuevo capítulo. ¿Daremos la vuelta? ¿Jugaremos una buena Libertadores? No lo sé. De lo que sí estoy seguro es que Matute arderá y será el centro, el alma de la fiesta futbolera de nuestro Perú, otra vez.


¡ARRIBA ALIANZA LIMA!




1 comentario:

  1. chévere el blog hermano, primera vez q llego acá, ví un link en el blog d e sotelo.....coincido en casi la mayoría de lo q escribes, lo q resalto incluso de los jugadores que no quiero q sigan en Alianza es que todos jugaron la final entregándolo todo, talvez empujados por la grandeza d la hinchada q llenó el nacional...
    ahora solo espero que Alarcón se vaya cuanto antes, ojalá

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