Punto de partida: "Reglamento de la Ley que previene y sanciona la violencia en los espectáculos deportivos".

En días pasados se emitió el "Reglamento de la Ley que previene y sanciona la violencia en los espectáculos deportivos", norma que empezará a aplicarse a partir de la fecha. El Blog Íntimo tiene algunas cosas que decir al respecto.
Primero reafirmamos rotundamente nuestra posición. En EBI siempre hemos sido, somos y siempre seremos contrarios a toda manifestación de violencia, venga de la tribuna que venga. Una tara social que nuestro país heredó de las décadas pasadas y que nuestro fútbol adoptó y todavía sufre, con nosotros no tiene espacio. No se trata de estar en contra del Reglamento por estarlo, es más, aplaudimos algunos de sus correctas disposiciones, pero sí es importante poner los puntos sobre las íes y generar sana crítica en democracia.
Y entonces hacemos una necesaria precisión. La norma es un Decreto Supremo, ha sido emitida por el Gobierno saliente y reglamenta una Ley que había dado el Congreso, la misma que ya dejaba mucho espacio para la crítica pero no tenía todos los desaciertos y los excesos que tiene ésta. ¿Pero por qué esto es importante? Porque el Ejecutivo se equivoca en grande, seguramente nublado ante el clamor popular en contra de la inseguridad ciudadana, y entonces ad portas de su salida rompe la pita por el lado más débil y sin conocimiento de causa.
En suma el Reglamento estereotipa, estigmatiza y penaliza al hincha del fútbol. En vez de posicionarlo como instrumento de solución lo identifica como el problema principal y , en vez de avanzar, retrocede. Los artículos 19, 21 y 36 son la carne, para nosotros sobrepasan los límites legales, sociológicos e incluso futbolísticos que implica la cuestión.
Ya todos sabemos los despropósitos del artículo 19. No a las banderolas ni a los accesorios, no a los instrumentos musicales, no a los rostros pintados y a cualquier indumentaria que dificulte la identificación de los hinchas. ¡Y la cereza del postre, la regulación de los cánticos! A su turno el artículo 21 es una enorme lavada de manos. ¡Prohibidas las concentraciones previas a los partidos y las movilizaciones masivas de los hinchas!
 
A partir de ahora el seguir a un equipo de fútbol en el Perú significa perder la libertad de expresión, la libertad de reunión y la libertad de tránsito. O sea que a partir de ahora el hincha del fútbol deberá alejarse de los elementos que lo identifican y lo apasionan, de aquellos que lo hacen sentirse partícipe de una sociedad que muchas veces lo relega. Y claro, supuestamente a partir de ahora los estadios serán un concierto de música sacra.
El artículo 36 condiciona el ingreso y la salida de los barristas y delimita su posición en la tribuna como ya lo había hecho el artículo 6 de la Ley (así es, no todo es culpa del Gobierno, nuestros parlamentarios tampoco ayudaron mucho), prácticamente encasilla al hincha a un espacio hermético y penalizado.
Entonces aquí vemos varias cuestiones. Vemos una inconstitucionalidad flagrante por vulneración de derechos fundamentales. Vemos el alejamiento de las masas como objeto de estudio y una salida fácil a su manejo. Vemos también pleno desconocimiento del tema fútbol, con todas las aristas que contiene.
Más allá de que el Reglamento regula la Dirección de Seguridad Deportiva (DSD) dependiente del IPD y la Comisión Nacional Contra la Violencia en Espectáculos Deportivos (CNCVED) dependiente del Ejecutivo y que esto nos sepa a burocracia; más allá de que deje en manos de las autoridades (especialmente de la inefable ONAGI) la realización de los partidos y se ponga estricto en los plazos y los requisitos, repetimos que la norma tiene disposiciones positivas que vale mencionar, porque creemos que habrían bastado para empezar a brindar soluciones en lugar de traer más problemas.
Está el Plan de Protección y Seguridad del organizador del espectáculo deportivo, el que debe estar listo para cada partido, está el Padrón de hinchas, una creación adecuada, están las mejoras en la videovigilancia y en la infraestructura, está el seguro para los espectadores y está también el traslado de responsabilidad a los Clubes por los eventos, el que definitivamente los compromete en el apoyo a la seguridad aunque sea por medio del temor a las sanciones a las que podrían hacerse acreedores.
Ya la PNP ha realizado una demostración de "cómo actuará ante un ataque de barristas". Es así como se demuestra que a todos los barristas se les mete dentro de un mismo saco con los delincuentes, empezando por la prensa (Nótese el rótulo del video), que como dijimos líneas arriba estereotipa, estigmatiza y penaliza al hincha del fútbol en vez de posicionarlo como instrumento de solución.
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En conclusión un poco de todo, pero la norma tiene más errores que aciertos. Nuestro imprudente Gobierno suma otro autogol a su lista, se va pifiado por la tribuna y le deja la pelota caliente a su sucesor. ¿Qué hacer ante esta situación? ¿Permanecer callados y esperar que alguien alce la voz por nosotros los hinchas o que pase el tiempo y el siguiente Ejecutivo corrija? ¿O acaso tomar al toro por las astas y acudir, por ejemplo, a la vía judicial? Lo único cierto es que en la actual circunstancia el camino está muy empinado.

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