Divisiones Menores: No (solo) se puede vivir del amor

Un certero trazo de la realidad de nuestras canteras

Por Adhemir Fanárraga:

Mi amigo juega en la Categoría 2001 del Club Alianza Lima, viaja los días lunes y miércoles desde Chosica hasta Matute y los días martes y jueves hasta Villa El Salvador para entrenar. Como sus compañeros, no recibe dinero para movilidades, tampoco lo recibe cuando acude a los partidos que disputa por la Copa Federación. El año pasado jugó a préstamo en el equipo fundado por la empresa Backus, le propusieron quedarse, prometiendo -al menos- “cubrir sus pasajes”, pero él es blanquiazul de corazón y prefirió regresar en el club de sus amores.


Jherico Zevallos, capitán de la Categoría 2002, levanta la bandera en señal de triunfo luego del clásico ganado en calidad de visitante el día sábado 21 de mayo del 2016. El equipo lo dirige Guillermo “Chicho” Salas y gracias al triunfo alcanzó el primer lugar (foto: Adhemir Fanárraga).
Hoy como ayer, historias de sacrificio se pueden encontrar por montones en las Divisiones Menores del club, pues son muchos los niños, adolescentes y jóvenes que antepusieron el orgullo de vestir la gloriosa blanquiazul a las mejores condiciones que les ofrecen otras instituciones. En esto, las familias cumplen un rol fundamental: apoyan la romántica terquedad de los muchachos, los alientan en cada partido que disputan, y cubren sus pasajes y la alimentación que se les brinda luego de los partidos (el club solo les provee la bebida rehidratante). Todo por ver triunfar a sus hijos en “el más grande”.

No obstante, si bien hay obstáculos que pueden ser superados por el esfuerzo de las familias de cada uno de nuestros futbolistas o la colaboración de algunos hinchas, como antaño lo hacían los miembros de la Asociación Barra Aliancista (A.B.A.) en materia de alimentación, existen problemas que urgen de respuestas institucionales de gran envergadura.

Jodió constatarlo y mucho más escribirlo, pero mientras nuestro eterno rival cuenta con una villa deportiva que comprende salida a la playa para los trabajos de pretemporada y 11 campos de césped natural para la práctica del fútbol, dándose el lujo de tener dos equipos compitiendo en los torneos de menores de la FPF (U y U de América), y el Esther Grande de Bentín, una institución novel en materia de trabajo con menores, ya ha proyectado la construcción de su Centro de Alto Rendimiento Deportivo; Alianza Lima hace entrenar a sus categorías menores en el maltratado césped artificial de la cancha auxiliar de Matute o en los descuidados campos del Parque Zonal Huayna Cápac, escenarios en los que en muchas ocasiones solo pueden usar la mitad o la cuarta parte de un campo oficial por la cantidad de planteles que coinciden en el mismo lugar, y recibe a sus rivales en el Estadio de Pro, donde pierde contacto con sus raíces culturales y, en la práctica, la condición de equipo local.

Resulta denigrante que un club centenario y que ha recibido gran cantidad de dinero por concepto de transferencias en las últimas décadas no tenga campo propio para sus Divisiones Menores y exponga a los niños, adolescentes y jóvenes que las integran a entrenar en un campo sintético que, para colmo de males, se alquila todos los días y hasta altas horas de la noche para la práctica del fulbito.

A pesar de lo expuesto, si Alianza Lima sigue compitiendo de igual a igual con instituciones que de verdad invierten en formación de menores es por la enorme calidad de nuestros futbolistas. Ellos, más allá del olvido de los dirigentes y de la absoluta indiferencia de aquellos hinchas que se llenan la boca pidiendo grandes resultados (Copa Libertadores incluida) pero que no mueven un dedo para cambiar nuestra difícil situación, defienden la gloriosa blanquiazul con la dignidad que les falta a muchos futbolistas del plantel profesional y por eso merecen mejores condiciones para el desarrollo de sus capacidades futbolísticas.


Complejo Deportivo de Pro (Los Olivos), donde Alianza Lima juega de local en sus categorías menores, mientras clubes como Universitario de Deportes y Esther Grande de Bentín tienen complejos propios (foto: Adhemir Fanárraga).
Finalmente, resulta pertinente reconocer el esfuerzo de todos los componentes del área de Divisiones Menores del club, personas preocupadas en inculcar el amor por la camiseta blanquiazul a cada uno de los niños, adolescentes y jóvenes que nos representan en las competencias oficiales, pero las condiciones institucionales en la que laboran son, por decir lo menos, preocupantes y los hinchas que semana a semana acompañamos a los nuevos potrillos no podemos permanecer callados. Es hora que la gran familia aliancista sepa la verdad y se ponga de pie. Los hinchas de corazón no queremos ganar un título este año para ganar otro veinte años después, queremos una institución sana, que disfrute en el mediano y largo plazo los resultados de un trabajo a conciencia en materia de divisiones menores. Los muchachos que defienden nuestros colores merecen una formación de calidad para la alta competencia.

No (solo) se puede vivir del amor.

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