ALEJANDRO VILLANUEVA: Un as entre los ases

"Jamás dejaré el Alianza, quiero mucho a mi club como para dejarlo".

Mirada distante, las manos detrás de su alargada figura, con los inmensos pantalones por debajo de las rodillas. La eterna imagen del gran Manguera.

Nombre: 
Carlos Alejandro Villanueva Martinez.
Nacimiento:
04-06-1908 en Lima. Falleció a los 35 años el 11-04-1944.
Temporadas en Alianza Lima:
1927-1943 (99 partidos oficiales, 71 goles).
Títulos:
Seis (1927, 1928, 1931, 1932, 1933, 1934)

En los estrechos callejones del barrio de Malambo, le llamaban Escalera porque era muy alto y delgado. Para sorpresa de los vecinos, el muchacho siguió creciendo en aquel legendario rincón de los negros de Lima, y creció más en La Victoria, al punto de que su genio y talento lo volvieron inalcanzable y eterno, figura de talla mundial, el más grande  jugador aliancista de todos los tiempos.

Carlos Alejandro Villanueva Martinez nació el 4 de junio de 1908 en el callejón Santa Rosa, en la calle Pizarro, en El Rímac. Sus padres fueron Mamerto Villanueva, albañil, y Melchora Martínez, que ayudaba lavando ropa en las orillas del río Presa, por Caballo Seco y Bajo El Puente. Don Mamerto era un zambo de cabello ondulado, bigotes, ojos grandes y rasgos finos; en la calle le decían Terremoto por su fama de peleador y jaranero. Melchora, de apenas catorce años, era una mujer bondadosa y luchadora, le gustaban los valses. Cuando Manguera estaba a punto de nacer, unas amigas le aconsejaron que se mudara de casa. "No te quedes aquí, porque las mujeres se hinchan cuando dan a luz a orilla de los ríos", la convencieron.

NACIDO PARA EL FÚTBOL

Alejandro Villanueva, muy joven.
En el solar donde vivía su abuela, Pascuala Matallanos, Manguera Villanueva vio la luz en el cuarto número dos, piso de tierra y ladrillos, techo de barro y cañas. Sobre una pared brillaba la imagen de Santa Rosa de Lima. En 1913, la muerte de Don Mamerto terminó de hundir a la familia en la extrema pobreza. Manguera tenía cinco años y ya había nacido su hermano Gregorio. Entonces Melchora empezó a trabajar en la algodonera de los Nicolini. Ganaba apenas dos soles para dar de comer a sus hijos, pero aún así logró enviar al pequeño Alejandro al Colegio Bravo y luego a la escuela de Ramón Espinoza.

Dicen que Alejandro Villanueva era un niño inteligente, de mirada triste, que aprendió a leer muy rápido. Sin embargo, las estrecheces económicas le obligaron a dejar la escuela y trabajar como ayudante de albañil. Por esos años, Manguera asombraba ya con su habilidad para el balompié. Moreno, largo y parsimonioso, dominaba las pelotas de trapo como ningún otro y sus amigos lo veían con admiración. Hasta hacía malabares con las piedrecitas. -Una vez tuve que correr porque el policía de la esquina recibió una piedra en la cabeza. Iba shoteando una piedrecita cuando esta salió y la añadí. No sabía que iba a caerle al policía-, contó Villanueva a la revista Variedades del 22 de octubre de 1930. Su primer puesto en un equipo de fútbol fue el de arquero en el Sport Inca. Al mudarse al barrio de las Maravillas, en Barrios Altos, pasó a jugar como zaguero del Nacional Nº 1. Luego, cuando se fue a vivir al callejón de Pinto, en La Victoria, formó con sus vecinos el club Once Amigos. A medida que iba creciendo y adquiriendo los secretos del balón, cambió de posición y gustó de ser delantero. Así jugaba en el Teniente Ruiz, poderoso equipo de segunda división, victoriano, al que entró en 1924.

Manguera era nieto de un célebre decimista, un relator de historias, y le gustaba la inspiración, lo llevaba en la sangre. En 1926 los futbolistas olímpicos de Uruguay, que ganaron medalla de oro en París, visitaron el Perú para disputar una serie de partidos en el estadio del Circolo Sportivo Italiano, y cuentan que el joven moreno de 17 años no se perdía ningún encuentro, hasta iba a mirar los entrenamientos, admirado por el juego vistoso y la contundencia de los uruguayos. El mozo Alejandro estaba ávido de aprender.

Para 1927, los aliancistas tenían un equipo encaminado a lograr grandes cosas. Lo vieron jugar en los partidos preliminares por el Teniente Ruíz, y lo pidieron como refuerzo junto con su compañero Demetrio Neyra. El goleador aliancista Guillermo Rivero estaba retirándose, y Villanueva entró con una determinación de sobresalir. Comenzaba su brillante historia en el Alianza Lima...


'EL MAESTRO'


Aplicando uno de sus tantos quiebres a un jugador de Universitario.
Pese a su juventud, no tardó en hacerse líder indiscutible del grupo, por su talento y su fuerte personalidad. En los siguientes años, capitaneando el equipo en el que conformaba una poderosa delantera junto con Alberto Montellanos, Jorge Kochooi, Demetrio Neyra y José María Lavalle, escribiría páginas doradas para Alianza y el fútbol peruano.
Alejandro Villanueva y sus compañeros formaron una aplanadora que arrasó en la liga local durante muchas temporadas, convirtiéndose él en la máxima figura, exhibiendo su juego vistoso en el Nacional, en el Potao y en todas las canchitas limeñas y provincianas que visitaban los aliancistas bajo el nombre de 'Los Íntimos' y también con la camiseta blanquiazul. Manguera dedicó esos años a deslumbrar a toda la afición con jugadas sumamente novedosas, algunas que él perfeccionaba de los extranjeros y otras que inventaba: Villanueva hizo suya la "huacha" o "túnel", así como el "callejón" para salir de marcas hostiles. La jugada mentirosa, de mirar e inclinar el cuerpo a un lado y mandar la pelota hacia otro, inesperada por el rival. Los toques y triangulaciones los ensayaba constantemente con sus compañeros aliancistas, tal como había visto a los maestros uruguayos. Pero la jugada que más quedó en la retina de su público fue sin duda la del "caracol" o chalaca", que aunque no la inventó, tuvo el gran mérito y atrevimiento de aplicarla cuando en sus años de jugador esta era sólo un mito urbano. El primer gol de "chalaca" registrado en Lima fue marcado por Manguera; incluso, durante esos años los limeños a esa maniobra la llamaron "La Alejandrina". "Estaba de espaldas a la valla. De pronto vi el pase a media agua y la jalé ara atrás. Me aplaudieron mucho", explicó con sencillez Villanueva. Pero el moreno no sólo se limitaba a hacer maniobras revolucionarias, también estaba dotado de una técnica exquisita. Eran muy famosas sus "matadas": Con su 1.95 de estatura, bajaba la pelota alzando la pierna hasta la altura de su rostro, y la hacía llegar quieta al suelo, y lo mismo hacía con la rodilla, el pecho o hasta con la cabeza. Nunca gozó de una gran capacidad física; de pequeño siempre le faltó la comida y era muy enfermizo, en esas condiciones no podía correr mucho en la cancha, pero era muy inteligente, la caminaba a trancos largos y metía pases milimétricos gracias a su genial puntería; además, sabía ubicarse muy bien para esperar las asistencias de sus compañeros en ofensiva. Aunque el gol no era su especialidad, sabía ingeniárselas para estar siempre presente en el marcador, y así, fue goleador de la liga en las temporadas de 1929 y 1931. Tanto virtuosismo derrochado le valió que el pueblo le diera el apelativo de 'El Maestro'.


FIGURA DE TALLA MUNDIAL

Villanueva no faltaba en ninguno de los combinados peruanos que se formaban para hacer giras en el extranjero o jugar torneos internacionales. Aparte de las exitosas y resonantes aventuras que tuvo con Alianza en el exterior, también reforzó a otros clubes que solicitaron su préstamo. Fue llamado junto a su compañero Juan Valdivieso al recordado Combinado del Pacífico, y paseó su fútbol también por Europa. En selecciones nacionales, defendió al Perú en el mundial de Uruguay de 1930, los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 y -ya bastante disminuido en su juego- fue parte del equipo nacional que ganó los Juegos Bolivarianos de 1938. Quizá sus goles más recordados con la blanquirroja fueron los dos que anotó en aquel famoso partido contra Austria en tierras alemanas.


LA BOHEMIA, EL AMOR A LA CAMISETA, Y EL TRISTE FINAL...


Manguera, botella en mano.
El espíritu criollo de Villanueva no salía a relucir sólo en las canchas y con la pelota en los pies. En la misma medida en que los éxitos llegaban, los victorianos festejaban. Los íntimos eran amantes de la jarana y las fiestas de rompe y raja, y celebraban cada triunfo casi como si fuera un campeonato. El Maestro se enamoró de los aplausos, los recibimientos, la calidez de la gente, la entrañable amistad con sus compañeros de equipo... todas esas cosas que le brindaba el vestir la camiseta de Alianza Lima. En México le ofrecieron cuatrocientos dólares mensuales para que se quedara, pero Manguera los rechazó. Es que La Victoria era su lugar en el mundo; y los íntimos, su familia.
Los años de oro de Alianza demandaron grandes y largas celebraciones en las que Villanueva nunca faltaba. Para 1938, las jaranas le pasaron la factura y mermaron considerablemente su juego, y el de los demás aliancistas. Además, Manguera empezaba a sentir serios malestares respiratorios que ya no lo dejaban jugar los noventa minutos. Ese año Alianza descendió, y El Maestro fue el que más fuerte habló en aquella conversación en la que los íntimos juraron regresar a la camiseta que tanto les dio al lugar al que pertenecía.


En 1943, tras haber sido técnico - jugador durante los dos años anteriores, Alejandro Villanueva se retiró del fútbol en silencio, cumpliendo su juramento de nunca cambiar de camiseta. Se fue vistiendo la blanquiazul, pifiado por los hinchas que antes lo habían idolatrado y que no comprendían que el físico ya no le daba para más. -No jugaré más-, dijo decidido. - Yo no puedo jugar contra el público-. Pero después, por tantas alegrías que le dio al pueblo, el tiempo haría su trabajo y pondría las cosas en su lugar.
Luego de diecisiete temporadas en Alianza Lima, Manguera se retiró triste y cabizbajo, la tuberculosis lo consumía, las noches de jarana fueron acabando con él. Le sobrevino la muerte cuando tenía sólo 35 años. A las once de la mañana del 11 de abril de 1944, Alejandro Villanueva dejó de existir en el Hospital 2 de Mayo. Se enlutó el fútbol peruano, y su entierro fue uno de los más multitudinarios en toda la historia de Lima; según el historiador Roberto Castro, solo comparable con la masa que asistió al sepelio de Victor Raúl Haya de la Torre.


Su prematura muerte se llevó con él todas sus enseñanzas y las innumerables anécdotas que habría tenido para contar. Eso, sumado a la maldita costumbre institucional aliancista de no valorar a los ídolos ni a toda la magnitud de nuestra tradición, seguramente fueron los principales factores de por qué la figura de Villanueva hoy no tiene tanta vigencia y apenas es rescatada para los jóvenes por el acertadísimo gesto que tuvo el club (de los únicos para con Manguera, quizá) de ponerle su nombre a nuestro amado estadio de Matute. En fin...


Han existido muchos ídolos a lo largo de la extensa historia del fútbol, pero, exactamente ¿qué significa ser ídolo de un equipo? ¿cuáles son los requisitos que se deben reunir para tan dichoso reconocimiento? Los pueblos futboleros escogen a sus abanderados principalmente por los logros que han conseguido para su combinado, y por el amor y compromiso que estos muestran o mostraron hacia sus colores. 

Villanueva dio eso y más... Al mirar la historia, es imposible pensar en el fútbol peruano sin Alianza Lima, en Alianza Lima sin la existencia de los íntimos de los años treinta, y en los íntimos sin la presencia del gran Manguera. El Maestro le dio incontables goles, títulos y alegrías a la camiseta blanquiazul, a la que amó con todo su corazón, a la que le entregó todo su virtuosismo y a la que fue leal en el momento más difícil. Él llegó a las canchas en  una época en la que el joven fútbol peruano debatía si se debía jugar con la rapidez, rigidez y bravura de los ingleses, o con la técnica y la marca zonal de los uruguayos. Manguera fundó escuela y le dio identidad al balompié nacional, dejando como herencia el estilo de juego que inventó, el del juego habilidoso, pícaro y sabio, omnipresente en la época dorada del fútbol peruano de los setentas.


La de Manguera fue una vida llena de virtudes y defectos, de lascivia y dejadez. Quizá por eso es más difícil de digerir que los ídolos convencionales, pero, al fin y al cabo, una figura exquisita, un jugador icónico, un antihéroe, como muy pocos en la historia del fútbol mundial.




Para cerrar, estos dos videos:
Este es una joya: El famoso Combinado del Pacífico de 1933, con Villanueva entre sus filas, al lado de otros grandes ídolos del fútbol peruano como 'Lolo' Fernandez y el 'Mago' Valdivieso. Indescriptible la emoción que sentí al descubrirlo. El tan venerado ídolo, al que sólo había visto en fotos y lecturas, sonriendo y soltando un pequeño gesto, hasta por ahí alguien lo 'loquea' tocándole la cabeza cuando posan para la cámara, qué encanto. Pero lo mejor viene al final, para el que es observador: Hay imágenes de un partido del Combinado, y al final, pescan un remate de volea que pasa muy cerca del palo izquierdo del arco rival. Adivinen... ¡Lo ejecuta el Maestro! 56 segundos que valen oro...





Alejandro Villanueva fue íntimo amigo de Felipe Pinglo, uno de los más grandes cantantes criollos de la historia, quien era hincha acérrimo de Alianza Lima, a tal punto que le dedicó seis de sus ricas inspiraciones: dos marineras, dos valses y dos polcas, destacando un par de composiciones hechas para Manguera. Causa curiosidad pensar en lo que platicaban Villanueva y Pinglo cuando se reunían a tomar unos tragos en la bodega-bar del italiano Giuffra, ya que se juntaban dos maestros: uno de la música y otro del fútbol. Villanueva fue inspiración para muchos criollos admirados por su leyenda.
Creo que todo homenaje a Alejandro Villanueva debe llevar esta canción, y así cerramos el nuestro: Con una hermosa letra que compuso Pedro Espinel para un vals a los pocos días de la muerte de ‘El Maestro’, interpretada por nuestro querido Arturo ‘Zambo’ Cavero, quien quiso dedicarle este tema al personaje del que tanto le hablaron en su niñez en los barrios de La Victoria. Disfrútelo.




Ese fue, queridos íntimos, Alejandro Villanueva: Un as entre los ases, que dio mucho más que lauros al Perú. 

Fuentes: Libro de Oro del Club Alianza Lima, Crónica Viva (crónicas de RobertoSalinas).
Fotos: Libro de Oro del Club Alianza Lima.

4 comentarios:

  1. Sencillamente hermoso todo esto!! Me da bronca ver que otra cosa que caracteriza a ALianza es el maltrato a los idolos, y que ingrata la gente de ese entonces, juro que me duele ver eso porque el gran Manguera Villanueva no merecia despedirse asi, entre pifias, dio tanto y se le dio tan poco!!

    Por eso Lolo es mas mediatico hasta para la Fifa, no porque haya sido mejor que manguera pero de ninguna manera, solo que fue mas mediatico y nunca tomaba, y de eso sacan pecho muchos que se creen moralistas.

    Esto solo reafirma lo que le dijo mi abuelo a mi viejo, lo que cuentan los señores mayores y lo que dicen los libros!! Un as entre los ases, figura continental. Aunque nunca te vi, tu eres el maximo idolo blanquiazul y algun dia el estadio que lleva tu nombre, recibira la mas grande alegria, una copa libertadores.

    Grande Manguera!!

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  2. Efectivamente, parece que fuera parte de nuestra tradición también el maltrato a los ídolos o el poco reconocimiento, y eso también es por parte de los hinchas.
    Pienso que la rivalidad no debe cegarnos y hacernos negar los reconocimientos. Personalmente, admiro mucho a Lolo Fernandez y aprecio todas las alegrías que le trajo al fútbol peruano (goleador de Copas Américas, entre otros logros), además de su calidad de persona; sin embargo, pienso que en tienda crema lo han inflado y endiosado demasiado. Nosotros tenemos a Teófilo Cubillas, el jugador peruano más laureado a nivel mundial, el único que figura entre los 50 mejores de la historia según Fifa, goleador de selecciones peruanas, uno de los máximos goleadores en la historia de los mundiales, durante mucho tiempo máximo goleador histórico de Alianza Lima, segundo máximo goleador aliancista en clásicos, ídolo indiscutible que amó a Alianza desde siempre y nos dejó hermosas frases ("Si pudiera volver a nacer..."), también llegó a ser entrenador y regresó del retiro después de la tragedia. Lo único que tuvo él que no tuvo Lolo fue que sí dejó al equipo, para irse a Europa, aunque esas ya eran otra épocas. Pero igual, la leyenda de Lolo es más fuerte en la U que la de Cubillas en Alianza, y no me explico cómo. O en realidad sí: En la U, con los pocos grandes ídolos que tuvieron, se crearon grandes íconos (Puma Carranza...), pero eso ya fue también una especie de trabajo de márqueting de la dirigencia y la barra. En Alianza no ha habido eso nunca. Por eso a lo largo de la historia se verá que los dirigentes aliancistas nunca fueron tan relevantes. Si nos hubieran manejado como en la U, hoy Cubillas sería un ícono muchísimo más grande que Lolo para la consciencia colectiva peruana. Además, creo que incluso Villanueva pudo haber sido un ícono mucho más grande que Lolo.
    Esta es para mí la principal diferencia entre Villanueva y Fernandez: Lolo fue de lejos el mejor jugador de la U en toda su historia -al igual que Manguera, nunca cambió de camiseta-, pero lo que yo no entiendo es como a Lolo se le reconoce como símbolo del juego de la U, como el "máximo representante de la 'garra crema'". JAMÁS se habló de garra crema sino hasta los años '70, con las buenas campañas de la U en la copa, antes de eso esta no existía -si es que relamente existe- y Universitario sólo era un muy buen equipo , un grande, y el antagónico de Alianza (que se hizo tradicional desde el principio). Eso no lo digo yo, lo dice el historiador -hincha de la U- Jaime Pulgar-Vidal. Lolo era un jugador muy potente y un cazador innato de goles, pero de ahí a que se le atribuya la 'garra'... ¿Acaso garra no es ganar aún cuando se es inferior, o remontar partidos al final? ¿También es ser aguerrido? Yo creo que en la U se inventaron su identidad y después le llamaron 'garra' casi a cualquier cosa, incluyendo la matonería dentro del campo. En cambio, Manguera sí fue un ÍCONO DEL ALIANCISMO, al que incluso se le puede atribuir la invención de este. En parte, todas las siguientes generaciones aliancistas son su herencia. En eso creo que difiere mucho con Lolo, y creo que por eso él pudo haber sido un ícono mucho más grande con una difusión y conservación de su historia adecuadas. Fifa no hace más que darle cuerda a lo que desde afuera se ve como lo más mediático en Perú. No creo sinceramente que Fifa se ponga a investigar y -peor aún- moralizar furtbolistas peruanos y de ahí sacar su criterio para saber de quiénes hablar, simplemente escriben sobre lo más mediático. Y Lolo es más mediático que Cubillas y Manguera por simple dejadez nuestra a nivel dirigencial y de hinchada, sumado a la maniática obsesión crema de tener ídolos y elevarlos a estatus de dioses. Pero nunca es tarde. Creo que aún podemos retractar y revalorar nuestra historia y tradición. Está en nosotros, los hinchas.

    Saludos aliancistas.

    David Amez Rengifo

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    1. Exacto, y creo que esa es nuestra labor como hinchas, difundir la gran historia de n uestros idolos. Yo respeto a Lolo, es mas, sien to cierta envidia a veces de como antes los juagdores de la u se iban a tomar con los de ALianza, como lo hacia Toto Terry con sus compadres que tenia en ALiAnza. Pero creo que algo de lo moralista tiene que ver, como dices tu, la Fifa investiga poco o nada, solo se deja guiar por lo mediatico y lo que les dicen, en este caso, Lolo fue un ejemplo de profesional...por algo y haciendo un simil, al margen de que algunos digan Maradona o Pele, Pele esta donde esta por ser und eportista y ejemplo dentro y fuera, y eso prioriza la Fifa.

      Gran respuesta la que diste, aclarando avrias cosas de paso...gracias por darte la molestia David de responderme. Y si, si nosotrosa endiosaramos a nuestros juagdores uffff ya me imagino, Manguera nos dejo ese ejemplo del buen juego, el juego picaro..y su personalidad alegre, bohemia, jaranera, palomilla..es lo que caracteriza a la ALianza Lima

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  3. EL MAESTRO ALEJANDRO VILLANUEVA


    Escribe: Edmundo Panay Lazo


    El sol se despuntaba
    y alumbraba el nuevo día
    y en el pueblo se advertía
    un barullo matinal.

    Lima despertaba, el sol limeño aparecía dentro la bruma del invierno que empezaba a asomar. En la sombra el frío llegaba a los huesos y en la calle o en el patio el sol quemaba la piel.

    Mientras en el nosocomio
    una vida se extinguía
    tras de una lenta agonía
    partía a la eternidad.

    En ese despertar limeño del 13 de abril de 1944, una vida entraba en su recorrido final. Era una figura espigada y morena, con rostro de hombre bueno y ojos tristes, que tenìa los pulmones rendidos por las noches de bohemia, de guitarra y de cajón, sin haber repuesto las energías gastadas en las horas de fútbol maravilloso, vestido de gala en tardes deslumbrantes.

    Figuras de otros tiempos
    guardan hoy en mi memoria
    cual un eco de la historia,
    un mensaje del ayer.

    Aquel negro criollo
    que dio glorias al deporte nacional
    un astro entre los astros
    figura continental.

    Y la evocación vuela junto a aquel futbolista prodigioso, cuya largo y espigado físico le mereció el apelativo de “Manguera”. Aquel negro de jugar endiablado , del dribling imposible. De aquel que escribía poemas con el balón, dueño de la gambeta elegante y del pase exacto. Vencedor de la gravedad en sus espectaculares caracoles, que culminaban con la pelota en las redes adversarias. Y ese negro genial amó al balón y a la guitarra, a cuyo compás se deshacía en el ágil ritmo del valse criollo o el zapateo de una picarona marinera, junto a sus tíos Elìas y Augusto Ascues, con Braulio Sancho Dávila, autor de “Idolo”.

    Fue figura continental que pasreó triunfante en América y en Europa, allá en el despojo de Berlín de 1936, la vez que Hitler impidió el triunfo de los negros. Allí el maestro Villanueva lució su calidad, contra Finlandia anotó dos goles, los otros los conquistó Lolo Fernández en hermosa complicidad con el moreno victoriano.

    Con Austria la cosa fue más difícil. Perdíamos dos a cero, empatamos dos a dos, Villanueva hizo el gol de empate en magistral jugada. En el suplementario Villanueva volvió a anotar y Lolo en acuerdo con el maestro anota el cuarto. Había exhibido la majestad deslumbrante de su fútbol.

    La figura de Villanueva siguió agrandándose y seguiría recorriendo los campos del mundo con el Combinado del Pacífico: “U”, Alianza Lima y Colo Colo de Chile.

    Símbolo del Alianza Lima, del fútbol pícaro y elegante, de la danza maravillosa que tiene el ritmo de la guitarra y del cajón, la sublime belleza de la poesía, que es pintura indeleble en el armónica contorsión de la gambeta.

    Por eso cuando se entera de su muerte, ese extraordinario bardo criollo Pablo Casas Padilla le va a cantar:

    Fue un maestro sin igual
    que nos hizo delirar
    lo grande de su estirpe
    y de su escuela.

    Y el pueblo despidió a Villanueva como le correspondía, como a ídolo. Al ciudadano del mundo que amó el fútbol, con el que hicieron un pacto de elegancia y alegría, que llevaba en su sangre la enjundia de la jarana criolla, pero sobre todo que tenía devoción por la amistad; en las reuniones a las que llegaba era el más importante, no sólo por su fútbol sino por su grandiosa humanidad, vestida con ropaje de alegría y de bondad, nos refiere César Lévano.

    América conoció su nombradía
    Europa también lo supo apreciar.
    Y al despedirse de ti
    la afición con emoción
    felices los que ayer batieron palmas,
    que siempre vivirás en el recuerdo
    Alejandro Villanueva
    que dio lauros al Perú.










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