"Somos del pueblo": La nueva mentira crema

Desbaratando, si acaso es necesario, un nuevo mito

Popular, compleja palabra. La misma Real Academia de la Lengua Española le tiene varias acepciones. Así, define lo popular como aquello perteneciente o relativo al pueblo, pero también como aquello perteneciente o relativo a la parte menos favorecida del pueblo; dos concepciones que bien podríamos llamar horizontal (la primera) y vertical (la segunda). Por eso nos permitimos decir que Alianza Lima es (como dice la canción) 'el equipo popular' desde ambos criterios, desde el horizontal porque es querido por la mayoría del pueblo peruano (basta con recordar que,  según todas las encuestas serias de este país, entre 30 y 35 de cada 100 peruanos que gustan del fútbol son hinchas de Alianza, o sea más que de cualquier otro club deportivo), y desde el vertical porque su arraigo se verifica de manera particular en las clases desfavorecidas (las mismas encuestas muestran que entre 45 y 60 de cada 100 peruanos que gustan del fútbol de las clases sociales D y E son hinchas de Alianza). ¿Sucede lo mismo con Universitario de Deportes?

"Porque eres pasión popular", sí, claro.
Es un fenómeno reciente que los hinchas de la U se atribuyan 'popularidad' y hasta discutan la 'mayor popularidad' de Alianza. Viene de la mano con cánticos de barra, con temas de rock y claro, con un arsenal de publicaciones periodísticas de todo tipo que no parecen buscar objetividad de información sino sólo y únicamente ventas y ganancias. Esto es desde los años 90. Todavía recordamos cuando, en 1991, antes de que la U superara a Alianza en títulos, alguna encuesta de preferencias de fútbol  arrojó un resultado apretado pero inequívoco: Alianza 35%, Universitario 32%. Desde entonces y hasta hoy, ciertamente con algunas contadas y sintomáticas excepciones (todas ellas posteriores a algún título crema, curiosamente), las encuestas han mostrado una realidad incontrovertible con o más o menos puntos de diferencia: Alianza es el club deportivo más querido y seguido de este país, su arraigo popular se verifica horizontal y verticalmente; es, con toda justicia y objetividad, 'el equipo del pueblo'.

Hoy, que el equipo del frente celebra su aniversario (no diremos que cumple un año más de vida porque la fecha de su fundación es incierta) y que seguramente pretenderá festejarlo gritando mediante su prensa una supuesta popularidad que no se nos acercará ni en cien años más, cabe recordarles sus raíces y su acervo cultural e ideológico para ubicarlos un poco y así esperar (aunque sea por gusto) algo de su objetividad y raciocinio.

Pues bien, Universitario de Deportes, o deberíamos decir la Federación Universitaria de Deportes, se fundó, según cuentan sus propios historiadores, bajo el ceño ideológico del Partido Civil, aquel dirigido por la oligarquía limeña de fines del Siglo XIX e inicios del Siglo XX y que, entre triunfos y derrotas electorales, formó parte importante de la historia de nuestro país durante la República Aristocrática y el Oncenio de Leguía. Oligarquía, aristocracia, así es, conceptos que no cuadran demasiado con lo 'popular'. 

Para los civilistas que en 1924 dirigían la Universidad peruana y, particularmente, para los estudiantes que habrían fundado el club que hoy funge de nuestro 'clásico rival', el deporte era un instrumento de cultivo y mejora del individuo por medio de la disciplina y los parámetros que suponía; por tanto, no era propio de las clases pobres o 'plebeyas', afines más bien a los vicios y al desdén por las reglas. Ajá, otra idea no muy cercana a lo 'popular'.

¿Entonces, señores, de qué popularidad estamos hablando?

Que un voluminoso y discriminatorio dirigente noventero haya llenado una tribuna hasta entonces vacía arriando a ovejas confundidas con extrañas promesas y favores, y que les haya lavado el cerebro diciéndoles que serían seres superiores y podrían patear las cabezas del resto por el solo hecho de vestir de crema, no los convierte en populares ni nada que se le parezca.

Por otra parte, desde un punto de vista más romántico, el cariño del pueblo, y esto en todo tipo de manifestaciones públicas (como el arte y la propia política),  nace espontáneamente, y, aflora nítidamente. Imposible que sea comprado, pues así carecería de sinceridad y se convertiría en simple presión, en conveniencia, en imitación. En farsa.

Pero en fin, una cosa es ser o no ser popular, cada cual vive la mentira si así lo prefiere; otra cosa muy distinta, es decirse popular y al mismo tiempo segregar, ser clasista, ser racista, mentir alevosamente. Y esa inconsecuencia es el sello inconfundible de gran parte de la hinchada 'merengue'.

Para los universitarios que fundaron el club sin barrio, el fútbol era un juego relacionado con cuestiones morales y altruistas de las que las clases pobres adolecían, para ellos el amateurismo era primordial ya que la profesionalización del fútbol implicaba precisamente su popularización y envilecimiento, para los cremas el fútbol era propio de la élite tal cual había sido importado de Inglaterra y no de la plebe porque esta no estaba preparada para sus rigores. El propio historiador Jaime Pulgar Vidal, convicto y confeso hincha de la U quien sobre otros temas menos pacíficos no ha guardado la objetividad que sobre este tema sí le aplaudimos, señala que los universitarios fundadores 'no participan en las movilizaciones callejeras, son allegados al diario El Comercio y finalmente discriminan a un equipo de fútbol por considerar que sus jugadores no tienen el status ni la disciplina indicada para practicar este deporte', refiriéndose al Alianza Lima por supuesto. Así es, de popularidad nada, de clasismo, y hasta esencia de fascismo, mucho.

Por ello, es curioso que el Acta de Fundación que muestra Universitario de Deportes en sus vitrinas reseñe que los universitarios pretendían 'cultivar los valores espirituales, morales, intelectuales, sociales y deportivos de sus asociados', todos los cuales en realidad consideraban ajenos al poblador de a pie, y por la misma razón es paradójico que señalaran también que deseaban 'estimular la unión y solidaridad entre los mismos y en su relación con la comunidad toda', ¿solidaridad?, ¿es en serio? 

Y más allá de algunos intervalos, parece que esta práctica no cambió mucho justamente en los años 90 en que la U se 'popularizó'. Cómo olvidar a Roberto Martínez arengando a sus compañeros antes de un clásico en Matute con la frase 'hay que ganarles a esos negros conch...', y para qué mencionar los cánticos de norte haciendo peyorativa alusión al color de piel de los nuestros (y hasta burlándose de la tragedia de 1987), entre muchos otros ejemplos.

Es fácil cerrar la idea: Universitario tiene muchos hinchas y simpatizantes, y eso lo hace uno de los clubes favoritos del Perú, pero en cuanto a su concepción, formación y pretensión de identidad, Universitario no es un club popular. Es absurdo, de verdad, que ahora intenten hacérnoslo (o hacérselo) creer.

Pero esa es solo la primera parte del mito...

Alianza Lima versión 1929, "equipo aristócrata y favorecido" que ese año fue expulsado arbitrariamente del torneo.
La otra gran mentira: "Alianza Lima es el club de la aristocracia, el verdadero club favorecido"

No conformes con iniciar este extraño y falaz movimiento reivindicatorio, algunos hinchas cremas empiezan a sostener que era Alianza Lima, más bien, 'el club de los favorecidos que contaba con el apoyo de políticos y altos funcionarios del deporte de antaño'. Nos preguntamos de momento cuándo y cómo podrían probar que el club blanquiazul contaba con tan poderosos padrinazgos, si basta con recordar, por dar solo un ejemplo, que para que la U pudiera obtener su primera estrella los dirigentes deportivos nacionales tuvieron que suspender a Alianza Lima del torneo de 1929, según consta en los registros históricos, solo porque sus jugadores se negaron a participar con la selección mayor en un Sudamericano de aquella época.

Así es, los jugadores aliancistas, que, como se sabe, eran todos empleados de diversos oficios que no recibían más del fútbol que las taquillas en fecha de local, vieron económicamente imposible jugar por la selección debido a que iban a ser muchos días sin percibir ingreso alguno, con lo que esto podría significar para sus familias. Entonces como castigo, y sin consideración alguna, Alianza fue separado arbitrariamente del torneo, dejando el terreno listo para que los verdaderos favorecidos (y desde entonces sí que ya lo eran) pudieran finalmente dar una vuelta olímpica. Algunas preguntas que nacen de tan particular hecho:

¿Dónde estaban, entonces, los poderosos padrinos de Alianza Lima que señalan ahora, tan sueltos de huesos, los hinchas del 'compadre'?, ¿dónde estaba Augusto B. Leguía, según ellos, que "protegía dirigencialmente al club íntimo"?, ¿o será solamente que, por azares del destino, el stud donde entrenaban los niños de Cotabambas, en sus inicios, le pertenecía a un Leguía todavía no presidente de la República?, ¿se les habrá olvidado que el único padrino reconocido que tuvo Alianza se llamó Eduardo Pedreschi, y que era nada más y nada menos que el dueño de una tienda de abarrotes en un humilde barrio de Cercado de Lima?, ¿dicho todo esto, de verdad creerán que por el apoyo a título personal de Foción Mariátegui,  partidario de Leguía, Alianza se convirtió automáticamente en un club apoyado por la política de ese entonces?

Podríamos explayarnos en ejemplos sobre las decenas de favores que recibió Universitario a lo largo de su historia (incluyendo la adjudicación de un título que, bajo certeza científica, no es suyo, y el partido pendiente por el descenso de 1947) y mencionar también las varias ocasiones en las que Alianza se sometió a la norma sin leguleyadas ni rodeos, pero por ahora lo dejaremos así.

Como es más que visible en nuestros 'clásicos rivales', tergiversar la realidad es algo bastante fácil, lo difícil es probar o al menos sustentar lo que se dice, evitando así caer en el más puro ridículo. 

De todas formas, de auténtico popular a asolapado oligarca: feliz aniversario, Universitario de Deportes.

2 comentarios:

  1. aliancista no preparado, futuro cabro xd

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  2. Decir que Universitario es popular es cierto, así como decir que Deportivo Municipal es equipo del pueblo por origen e historia.
    Pero también es verdad que Alianza es mas popular y mas genuino para llamarlo equipo del pueblo.
    También se debe reconocer el enorme anclaje aliancista que tiene en la clase social mas alta del Perù, el por que lo desconozco, parece que es una tradición

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